Meditación con Compasión
- Isha

- 9 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 25 nov 2025
Hoy quiero abrirte mi corazón y contarte cómo la práctica de la meditación con intención y compasión ha transformado mi vida. No te hablo desde un libro ni desde una teoría, sino desde mi propia experiencia.
Hubo un tiempo en el que me sentía perdida dentro de mis propios pensamientos: siempre corriendo, siempre pendiente de lo que debía hacer, pero casi nunca presente conmigo misma. La meditación llegó a mí como un susurro, una invitación a detenerme y simplemente respirar.
Al inicio, confieso que me costaba. Mi mente se resistía, mi cuerpo se inquietaba. Pero poco a poco entendí que no se trataba de “callar” la mente, sino de poner una intención clara: “Hoy elijo soltar lo que ya no me sirve” o “Hoy me abro a sentir más amor por mí misma.” Estas pequeñas frases se volvieron anclas que me sostenían cada vez que me sentaba a meditar.
Lo más revelador fue descubrir la fuerza de la compasión en el proceso. Aprendí a observar mis pensamientos sin juzgarlos, a mirarme con ternura incluso en los días difíciles. Comencé a tratarme como a alguien que amo profundamente, con paciencia, con cuidado, con respeto. Y eso cambió todo.
La compasión hacia mí misma me abrió el corazón a la compasión hacia los demás. Cuando me permití abrazar mis heridas con dulzura, pude comprender mejor las de quienes me rodean. Y en ese acto de empatía, mi vida empezó a sentirse más ligera, más auténtica, más plena.
Hoy la meditación con intención y compasión es un ritual que me recuerda cada mañana que estoy viva, que tengo la oportunidad de elegir, de crear, de amar. No necesito un espacio perfecto, solo mi respiración, mi presencia y el deseo profundo de volver a mí.
Quiero invitarte a que lo intentes. Si nunca lo has hecho, empieza sencillo: siéntate, respira y pon una intención clara en tu corazón. Luego, permítete sentir compasión por ti, como si abrazaras a tu mejor amiga en un momento de fragilidad. Hazlo aunque al principio parezca extraño. Con el tiempo, tu corazón lo reconocerá como algo natural.
Porque al final, meditar con intención y compasión no es solo una práctica: es un recordatorio constante de que tú eres tu propio hogar, tu propio refugio, tu propia fuente de amor.



Comentarios